Compañeros irreconciliables de la Fórmula 1

La rivalidad entre compañeros, ahora escenificada por Webber y Vettel, es un clásico de la Fórmula 1

La rivalidad entre compañeros es un clásico de la Fórmula 1

Dos gallos en el mismo corral es sinónimo de tensión. Y en un mundo tan competitivo como la Fórmula 1 la coexistencia de dos números uno se traduce, a menudo, en un sinfín de problemas. La rivalidad que estos días escenifican Mark Webber y Sebastian Vettel en Red Bull es el último ejemplo de una saga que se repite cíclicamente en el Mundial y que sólo hace tres años tuvo como protagonistas a Fernando Alonso y Lewis Hamilton enMcLaren.

Pero de todas estas luchas internas la más encarnizada fue la que enfrentó aAyrton Senna y Alain Prost en los 90, que por dos años consecutivos enMcLaren se resolvió a golpes en Suzuka. El odio traspasó los límites de la competición y el francés, después de ganar el Mundial de 1989, huyó despavorido llevándose la corona a Ferrari. Tiempo después, estando enWilliams, Prost prefirió colgar el casco al enterarse de que su equipo había fichado a Senna.

Hay historias con más o menos épica, pulsos a todos los niveles. Y aunque la sangre nunca llega al río, la guerra siempre se cobra alguna víctima: el equipo pierde el título en favor de un tercer piloto, uno de los dos vecinos de box se ve forzado a emigrar o incluso termina retirándose.

En la década de los 30, antes de que el campeonato de F1 adoptase su actual formato, el italiano Luigi Fagioli llegó a perseguir a con un martillo a Rudolf Caracciola, su compañero en Auto Union (precursor de Audi).

Años más tarde, el mismo piloto, apodado ‘el ladrón de los Abruzzi’ compartió box con el gran Juan Manuel Fangio, quíntuple campeón del mundo. En el GP de Reims de 1951 Fagioli fue obligado a ceder el volante de su Alfa Romeo a Fangio, que ganó. Las normas de entonces les permitían compartir esa victoria, pero Fagioli se negó a subir al podio y tras un ‘combate de boxeo’ con su rival anunció que abandonaba el equipo.

En 1953 Alberto Ascari y Giuseppe Farina materializaron el primer dúo de campeones del mundo en el seno de una misma escudería. Dos italianos luchando por la supremacía en Ferrari. La balanza se decantó en favor de Ascari, que ganó cinco de las nueve carreras y deshizo el empate a un título con Farina, al tiempo que éste iniciaba su declive.
En los sesenta otra pareja de campeones, los británicos Graham Hill y Jim Clark llevaron al límite el Lotus 49. Como hoy día el RB6, era coche más rápido de la parrilla, lo que les permitió batir el récord de poles. Pero la fiabilidad arruinó sus opciones al título en 1967. Un año después, Clark se mató en Hockenheim y sin su oposición, Hill fue campeón.
“Acabar segundo es una cosa, pero acabar segundo porque te roben la posición es muy distinto”. Así resumía el malogrado Gilles Villeneuve el incidente que supuso el fin de su amistad con Didier Pironi en Imola. El abandono de Arnoux puso a tiro el doblete de los pilotos de Ferrari y ambos recibieron la orden de ahorrar combustible. Villeneuve aflojó, pero Pironi aceleró y ganó. En la siguiente carrera, el canadiense se estrelló fatalmente.

El veterano Sir Frank Williams se desesperó al ver como el pulso Jones-Reutemann en 1981 dejaba en título en manos ajenas, las del ambicioso Nelson Piquet. El brasileño acabó fichando por Williams y una vez allí no dudó en primar a sus mecánicos e ingenieros para engañar a su compañero Nigel Mansell en la puesta a punto del coche. De aquellos tiempos procede la ‘simpática’ imagen que ilustra esta página.