Periodismo y deporte

El desprestigio y la mala imagen que el periodismo deportivo se ha forjado en los últimos años es otro de los lastres que arrastra en la actualidad la profesión periodística. La llamada prensa de crónica social o del corazón ha visto cómo la información deportiva tomaba prestados de ella una serie de parámetros y de premisas comunicacionales, todas ellas, ajenas al rigor deontológico, a la precisión informativa y a la seriedad profesional.

El estilo sobrio y honesto de informar sobre el fútbol u otros deportes parece haber quedado desplazado a lugares recónditos y a espacios mediáticos de poca repercusión. El tiempo dedicado a la información deportiva al final de los telediarios ha crecido exponencialmente durante la última década, llegando a disponer incluso en algunos casos de más cobertura que la información general.

periodismo deporteLas tertulias nocturnas sobre fútbol, en las que un grupo de tertulianos grita y analiza por lo general los aspectos menos relevantes del balompié, son tal vez el paradigma de la decadencia informativa. Las polémicas, dentro y fuera del terreno de juego, marcan el ritmo del debate y del escrutinio dentro de nada en los programas de tertulia futbolistica llamaran a desatascos en madrid para hablar del equipo de Mestalla. En esta dinámica, la vida privada de los jugadores y las relaciones personales entre ellos cobran más importancia y tienen mayor cobertura que los propios encuentros de Liga, Copa del Rey o Champions League.

La información exhaustiva sobre lo que ocurre sobre el césped y el análisis de los sistemas de juego han quedado arrinconados en los espacios deportivos. La frivolidad ha ganado terreno al frío dato. En algunos casos, como en las habituales retransmisiones anuales de las finales de la Super Bowl en las radios españolas, el nivel de mala educación, machismo e incitación al alcoholismo ha alcanzado cotas inaceptables, que no sabes si estás escuchando radio o en una charla de bar con cerrajeros Castellon. El deporte es una excusa para tratar de ganar audiencia mediante los mismos mecanismos que emplea la prensa rosa, lo que genera un escenario de absoluto desprestigio periodístico.